Confinamiento coronavirus

La sociedad española se ha sentado en sus balcones, con música, expectante y con una inexplicable alegría mientras espera que el tsunami económico tras la crisis del coronavirus le abofetee la cara sin la menor piedad. Un país de primera, construido con el sudor de una generación, está a punto de derrumbarse a los pies de la siguiente como una ola destrozando el castillo de arena de un niño. En estos duros momentos la impotencia deja paso a la inconsciencia y nos preocupamos por el destino de las fiestas de los pueblos, de los eventos deportivos… legítimamente lo hacemos. Estamos en nuestro derecho de dejar que otros decidan el destino económico de nuestro país, pero no debemos dejar a su merced nuestro estado de bienestar individual.

Una de las difíciles decisiones a las que nos hemos enfrentado durante la cuarentena ha sido la productividad o improductividad. Leer libros o ver Netflix, trabajo o siesta, café o cerveza… eran los dilemas a los que el ciudadano español se enfrentaba a diario mientras cientos de personas morían sin poder evitarlo. Pero esta entrada no pretende regresar al drama sanitario, solo juzgar las elecciones. ¿Ha sido la lectura de esa novela más productiva que la cuarta temporada de “La casa de papel”? Seguramente si, si eres un novelista, haces reviews sin spoilers para YouTube… Pero si tu trabajo o proyecto personal no consiste en leer novelas, lamento decirte que has hecho lo mismo que aquella persona que estuvo viendo Netflix hasta las 4 de la mañana.

La sociedad se ha aletargado durante los últimos años de bonanza y se ha vuelto más sectaria que nunca, es imprescindible ahora retomar la creatividad, la ilusión y la picardía para reconstruir un tejido empresarial precario. La formación y la especialización son las claves, así como el saber aplicar los conceptos y las vivencias ajenas a nuestra situación. Debemos volver a enamorarnos del trabajo, pero no del trabajo forzoso, del trabajo que nosotros mismos hemos creado. Alentemos y paguemos el talento, sacrifiquemos la mediocridad. Esta en las manos de cada ciudadano el sacar a su país adelante.

Ante la recesión económica que se avecina nuestra mayor y única ventaja será la anticipación, en un mundo en constante cambio y evolución, quedarnos parados esperando a ver que pasa es un suicidio que nos llevará a la ruina mas absoluta. Por fortuna, disponemos de un órgano cuya única función es sacar lo mejor de nosotros mismos, incluso de la España de los balcones que adapto la socialización al confinamiento. Es hora de crecer, de recuperar el tiempo y de trabajar por levantar aquello de lo que hemos disfrutado efímeramente.

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